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jueves, 26 de junio de 2014

La vuelta al blog y y el regreso de Blank (Prólogo)

Woolis, y buenas tardes a todos,
la versión muy resumida es que he decidido empezar a subir material compuesto o basados en sueños.

En una semana o algo menos termino con el curso y con algo de suerte, y si los dioses aceptan mis donaciones a sus respectivos altares, podría disfrutar de un verano sin vistas a exámenes en septiembre. Espero que para finales de la semana que viene ya tenga desarrollados y repasados algunos sueños e ideas de los últimos meses.

Para empezar he decidido subir Blank, que ya os sonará a algunos porque lo redacté y lo subí a finales del verano pasado, aunque lo quité al remodelar el blog. La idea original no me gusta mucho, pero creo que conseguiré inspirarme de nuevo.

Agradecería cualquier ayuda posible en ese campo, cualquier detalle, de verdad. Si os gusta cómo se desarrolla la trama, si no, qué os gustaría que añadiese, qué le falta a los personajes. Mis diálogos dejan bastante que desear,  qué mejoraríais, qué les hace más humanos y qué frases nunca dirían en sus sano juicio de haber existido. 

Y si estáis dudando entre escribir un comentario o no, hacedlo (o por lo menos proponeos hacerlo). Cuando veo que tengo un comentario nuevo mi corazón da pequeños saltitos de alegría bajo el pecho y lo leo con ansiedad, temiendo que de pronto desaparezca. 


Por último, sobre Blank, explicaré algo mejor de qué trata cuando tenga la siguiente parte. Os dejo justo debajo el prólogo:




Blank

Cuando Alex abrió los ojos se dio cuenta de que estaba en una habitación cuadrada, de paredes blancas. Apenas tenía adornos. Una lámpara de luz blanca estaba incrustada en el techo, un par de espejos rectangulares en una de las paredes, y en el suelo estaba extendida una moqueta blanca. Lo único de distinto color era la puerta, enfrente de él, de color marrón oscuro. Tenía numerosos cerrojos y varias cerraduras, y le recordaba a una caja fuerte.

La única luz provenía de la lámpara del techo, aunque las paredes parecían irradiar su propia luz. En la derecha, junto a los espejos, había un armario del que no quedaban las puertas. Los desgastados goznes colgaban, con matices naranjas de óxido. Estaba vacío. No quedaban ni las perchas.

Al ponerse de pie, Alex se dio cuenta de que estaba semidesnudo, solo llevaba unos calzoncillos a juego con las paredes.

No tiene ventanas
- pensó de pronto. Sin embargo sentía cierta brisa sobre sus piernas. Se dio la vuelta y la brisa cesó. Sobre la moqueta había una gota de sangre fresca.

¿Dónde estoy? ¿Qué ha pasado aquí?
- pensó asustado.

-Estás en casa.- dijo una voz detrás, y se dio la vuelta para encontrarse con la habitación vacía.

-¿Quién lo ha dicho?- gritó.

-Yo.- oyó susurrar a sus espaldas, y notó el aire frío sobre su nuca.

Se giró de golpe. A sus espaldas había una mujer con un camisón a rayas. Tenía el pelo negro, y bajo los ojos marrones tenía dos manchas azuladas. Sus manos, húmedas, colgaban a ambos lados.

Sus ojos parecían mirarle, pero no estaban vivos. Uno de los ojos pareció encogerse por arriba y por el minúsculo hueco salió una hormiga empapada en un líquido azulado. La mujer la sujetó firmemente entre el índice y el pulgar y la lanzó al suelo. Al chocar estalló en una gota roja de sangre.

-¿Quién eres?- murmuró sin voz.

-¿Yo?- preguntó sin mover los labios mientras sonreía. Escuchaba su voz en el interior de su cabeza. De pronto, observándola, la reconoció –Era tu madre.- respondió. Tenía un tono entre divertido y triste.

-¿Mamá? ¿Qué te ha pasado? ¿Esto es un sueño?- pero no estaba convencido. Era demasiado horripilante para ser un sueño.

Su madre sonrió con dulzura y puso ambas manos en su tripa. De pronto, apareció una mancha roja que se extendió. Entre sus manos sobresalió de su tripa la punta ensangrentada de algo, tapado por el camisón.

-No hiciste nada por salvarme.- dijo sin hablar. Una lágrima de sangre le resbaló hasta rozar la barbilla –Oh, Alex. ¿Por qué no me salvaste? Eras el único que podías.- la punta se hundió en su tripa, y la sangre se volvió más oscura.

-¡¿Por qué no hiciste nada?!- sus ojos muertos se clavaron en los de Alex, quien lloraba en silencio -¿Por qué?

La punta volvió a empujar el camisón, esta vez más insistentemente. El camisón cedió y Alex perdió el control sobre sí mismo al ver lo que empujaba.

-¡No!- gritó entre alaridos de terror. Sus ojos no dejaban de moverse intentando apartar la vista, pero eso captaba su atención como un imán.

-¡No!- volvió a gritar, y corrió hacia la puerta.

Se le engancharon un par de dedos del pie con un doblez y puso las manos hacia el suelo para parar la caída. Pero estaba demasiado cerca de la puerta, y su cara se estampó con un sonido sordo sin poder hacer nada.

Se levantó inmediatamente, entre alaridos. Su nariz y sus labios se habían reducido a pulpa, pero él no sentía el dolor. Su cuerpo solo tenía sitio para el terror.

Le temblaban las manos, pero no podía quedarse allí. No quería ni pensar en lo que pasaría si se quedaba allí.

-Oh, pero sí lo sabes.- dijo con voz cantarina una voz en su cabeza. Era la voz de su madre. –Si te quedas…- la voz bajó hasta tonos graves -morirás.

Alex agarró con todas sus fuerzas un cerrojo, pero descubrió que además tenía un candado. Algunos de los cerrojos habían desaparecido, y en su lugar había cadenas, pero Alex ni se fijó en este cambio.

Gimoteando de miedo agarró un cerrojo minúsculo, parecido a aquellos de los baños públicos. Con descorrerlo no conseguiría abrir la puerta, pero se convenció a sí mismo de que marcaría una diferencia.

-No vas a conseguir nada con eso. No vas a alejarte lo suficiente.- la voz se rio y Alex se tapó los oídos con las manos, intentando acallarla.

Algo le rozó el tobillo y Alex lo pisó contra el suelo. Pero no bastaba, y se le escurrió bajo su pie descalzo. Era un ser alargado, semejante a una lombriz blanca, pero del tamaño de uno de sus brazos. Estaba cubierta de una sustancia gelatinosa y transparente, y palpitaba, lleno de vida.

Alex lo volvió a pisar, dando alaridos de terror, pero era demasiado grande; así que lo pateó y le saltó encima, aplastándolo. Eso acalló la voz, y Alex se aferró con ambas manos al cerrojo.

De pronto se descorrió del todo, y su madre gritó con todas sus fuerzas. Alex la miró mientras las últimas lágrimas corrían por sus mejillas, boqueando con fuerza. Su madre no tenía lengua. En su lugar, una larva blanquecina vibraba. De pronto le salieron dos alas redondeadas, alas de mosca, y salió de la boca de su madre, y voló hacia Alex. La parte delantera se desgarró y Alex pudo distinguir tres filas de dientecillos minúsculos y una lengua negra.


La larva rugió y embistió contra los restos de su nariz.






No seáis tímidos al comentar, que no muerdo ;P .

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